- Estás muy posesiva. Aunque no, no sería esa la definición correcta. Eso me suena a que un demonio te ha poseído. Debería decir, ríspida, afilada. Como botella rota en la mano del borracho que sin dudarlo la hunde en la panza del amigo que, obvio y tardío, se arrepiente de haber defendido con tanto fervor su postura. Si, algo así podría ser.
Estábamos sentados a la mesa de un bar, ella no se había quitado el saco de lana y yo tenía un cigarrillo en la boca que mientras estuviéramos dentro, no podría encender. No lograba acostumbrarme a la prohibición que impedía fumar tabaco en lugares públicos y trataba de engañar al vicio sosteniendo un cigarro apagado entre mis dedos.
El lugar estaba prácticamente vacío, solo una mesa al final, cerca de la puerta que decía en gruesas letras blancas ingreso sólo personal autorizado, estaba ocupada por un tipo de unos 60 años vestido con traje, sin corbata, que hojeaba distraído un diario mientras tomaba lo que aparentaba ser whisky.
Seguir leyendo… →