La vida es navegación (y malos títulos).
Andar por la vida es como navegar por internet. Y el hipervínculo está ahí, en cada cosa que se observa, solo es cuestión de analizar metódica pero sin esfuerzo, las conexiones que nuestra mente está dispuesta a realizar en muy pocos segundos.
Aquí un ejemplo:
- Esta mañana salí de casa caminando. Recorrí algunas cuadras hasta llegar a la parada del ómnibus. En el camino volví a encontrarme con una pared (algunas paredes aun, insisten en eso de permanecer) que tiene pegado con engrudo desde hace algunas semanas unas cuantas poesías. En su momento saqué una foto de esas poesías y la compartí por Twitter y Facebook. La foto no era muy buena, lo que llevó a un amigo a preguntarme, vía Facebook, de qué trataba el asunto. Nunca respondí su pregunta porque me provocó pereza explicar algo que perdía sentido al explicarse. Siempre molesta explicar las cosas por una simple razón: sentimos que el efecto buscado con nuestra acción, fue un total fracaso.
- Esto me llevo a dar un salto en los archivos mentales y recordar que hace pocos días, Facebook me contactó con una gran cantidad de amigos de mi infancia allá por las tierras patagónicas de Trelew. Y que a partir de ese momento comenzamos a compartir actividad en esa red social. Hacía 17 años que no sabía nada de ellos, ni ellos tampoco de mi. En una primera instancia me emocioné, me exalté, pensé que lo que sucedía era realmente increíble. Con el paso de las horas esa emoción inicial se fue desvaneciendo, me di cuenta que las personas como tales, se habían convertido en protagonistas de un recuerdo, y que volverlas a encontrar desarmaba mucho de esa ficción controlada que algunos llaman pasado. Como ver una película en su momento de gloria y volver a verla años después. Hay demasiadas probabilidades que no nos guste ni un poco. Mejor dejarla como buen recuerdo.
Navegue algunas de sus fotos, traté de encontrar algo de información relevante, algun símbolo que desde el pasado, hiciera pie en este presente y nos conectara. No encontré nada. Ellos, imagino, habrán sentido algo similar. Nuestras vidas dejaron de ser interesantes para el otro hace ya mucho tiempo. Forzar el pasado es perder consistencia en el presente. Aprendí eso y no me gustó.
- Subí al ómnibus y pagué con mi tarjeta magnética. Saludé al chofer, siempre lo hago, casi nunca recibo respuesta. Me senté, abrí la ventanilla y asome parte de mi rostro hacia afuera. Recordé un capítulo de “Friends” en el que Chandler y Mónica se mudan a una nueva casa y lo llevan a Joey a conocerla, él viaja todo el camino con su cabeza asomada al viento, como un perro feliz. Me reí. El ómnibus pasó frente a la Casa de Gobierno, allí estaba el móvil de Canal Siete, haciendo unas tomas de la marquesina que está enclavada en el parque que rodea el Poder Judicial y que dice, justamente, Poder Judicial. El camarógrafo hacia esas típicas tomas de relleno, Tilt-Up y Tilt-Down, que luego vemos como inserciones mientras algún presentador de noticias nos cuenta tragedias. Pensé, mientras miraba suceder esta acción, que esa misma toma debe estar replicada en miles y miles de cintas, archivadas en estanterías obviamente polvorienteas, en los depósitos del canal. Pensé que el camarógrafo prefería hacer nuevamente la toma, porque así justificaba su sueldo y salía un poco y paseaba y fumaba tranquilo sus cigarros mientras el conductor del móvil hacía lo mismo y enviaba mensajes de texto. Pensé que tantas imágenes archivadas deben provocar el ralentamiento del tiempo. El universo las procesa y las clasifica y las elimina, las coloca en el pasado y sigue empujando el tiempo hacia adelante. Pero todo ese proceso le consume tiempo. Si, el universo también lo usa. Pensé entonces en un nuevo programa de producción mendocina que se llama “Proyecto Celuloide”. Ellos se meten a excavar en el pasado, encuentran imágenes, las ordenan, desafían el normal desarrollo del timeline de la vida. Me gusta ese programa.
- El ómnibus llegó a destino. Bajé por la puerta trasera. Caminé despacio, el tipo de siempre pasaba, el mismo roñoso lampazo, al techo de un cúmulo de autos nuevos estacionados en la vereda. Pensé en mi lampazo, el que usamos en casa para levantar los pelos de nuestro perro Buda. Pensé en mi perro y recordé el resto de perros que fueron mis amigos durante mi vida y me sentí un poco triste. Ahora estaban todos muertos. Pensé en la muerte y recordé viejas fotografías. Decidí que las buscaría al llegar a casa y las subiría a mis redes sociales. Las compartiría, para seguir el interminable círculo del tiempo y los enlaces y entonces provocar al destino y que tal vez mi amigo vuelva a preguntar por esas nuevas e incomprensibles fotos y yo no le responda y camine y encuentre paredes con poesías y pase el tiempo viajando de un sitio a otro para usar el recorrido como un pensamiento que me una con lo que fui y con lo seré al llegar a destino.
Eso pensaba.

Diciembre 22nd, 2009 at 13:09
el pasado es eso y nada mas.
Abril 7th, 2010 at 15:54
leí sobrevolando el texto, con el que coincido, y me recordó la frase del tema de Celeste cuando dice: todo gira en la vida…
salu2