Novelaria

Relatos Breves. Frases Sueltas.

Este sitio lleva como nombre Novelaria y no hay razones particulares que hagan que se llame de esta forma. Mi nombre es Gabriel Caruana y soy el autor de este blog. Relatos breves, autobiográficos, ególatras, pesimistas y la mayor parte del tiempo, mal escritos, serán algunas de las cosas que podrán encontrar aquí. No se si es lo correcto, pero que va, lo digo igual: bienvenidos.


03.17

2009

Negación de poder

Era una fría tarde de otoño, las hojas habían detenido su caída como en esa mala película de M. Night Shyamalan los tipos detenían su caminar en los parques y se clavaban lapiceras y se tiraban de los edificios y hacían cataplúm contra el piso y eran latinos porque siempre en las películas norteamericanas los que se mueren primero o son latinos, o son negros, o son rubias tontas y tetonas. Bueno, así estaba el día entonces, quieto como si algo feo estuviera por ocurrir.

Yo venía caminando desde el trabajo hacia mi casa y en eso miro el cielo para ver si encontraba algo mejor que caca de perro y escupidas que es lo que usualmente se encuentra en las veredas que es hacia donde uno usualmente dirige su mirada cuando camina sobre todo para evitar tropezones y caídas que a veces sí lo son en contraposición al dicho que dice que un tropezón no es caída, en este sentido mi abuela no opina lo mismo. Estaba entonces mirando el cielo para variar un poco el paisaje y ahí es cuando lo veo pasar.

Era un tipo más bien gordo, de altura media, aunque en el aire es complejo determinar la altura, algo pelado, vestido con una camisa a cuadros de esas que usa la gente para trabajar porque creen que se ven más serios que si usaran una remera pero en el fondo es lo mismo, mejor dicho, es peor.

Y lo veo che, el tipo aparece por detrás del cartel de Coca-Cola, el que tiene el reloj adelantado, y estaba como muy tranquilo en su flotabilidad imposible, pasaba de un lado a otro del cartel y hacía zuuuuum, pero no lo hacía con su volar, lo hacía con la boca, y en eso va y me vuela cerca de la cabeza y le digo, porque lo reconozco -Eh! Sánchez ¿Que hacés volando?

Y el tipo me mira y dice -No soy más Sánchez, ahora soy el Hombre Frío.

-¿El Hombre Frío?- Le pregunto yo -¿Qué carajo es eso del Hombre Frío?

Y el tipo seguía dando vueltas y la verdad, me rompía un poco los huevos.

-Sí- Me dice mirándome entre vuelta y vuelta -Largué todo y ahora me dedico a ser Súper Héroe, me estoy yendo vivir a un clima más tropical, ahí si me necesitan, aparte ya me cansé de esta provincia, demasiada chatura intelectual, mucha pose, puro esnobismo. Me hace daño.

El tipo me hablaba, mientras volaba en círculos alrededor mío. Yo me había parado en la vereda, casi al lado del kiosco de revistas y la verdad, tanto quilombo ya estaba llamando la atención y los Policías de Tránsito, que estaban haciendo controles, comenzaron a venirse para donde estábamos nosotros.

- ¿Cómo qué largaste todo? ¿Y el laburo de la Web que me encargaste? Ya está casi listo y tenés que pagarme- Sánchez revoloteaba alrededor mío, como ya les conté, y cada tanto se distraía mirando los culos de las revistas que estaban colgadas en el kiosco. Flor de hijo de puta este Súper Héroe.

-¿La web?- Dijo Sánchez que como perdido había agarrado una revista Pronto y la estaba hojeando con la tranquilidad de un cura que le pide favorcitos a sus alumnos de catequesis. Alternaba entre tetas y culos para mirarme con cierto desprecio y en eso estaba cuando de pronto se frena en seco, en el aire, como las hojas en otoño, esas que nunca terminan de caer, como un helicóptero, como hacer pausa en el reproductor de DVD. Se frena en seco y me dice -Gabo ¿Sos boludo vos? ¡El Hombre Frío no necesita web!- Y dicho esto pone el brazo derecho hacia delante, el puño cerrado, igualita la pose que la de los comics y sale echando puta y se pierde entre el horizonte y las montañas.

Los de tránsito llegaron y medio que me quisieron hinchar los huevos con preguntas pero les dije que yo no lo conocía y que ni idea qué onda con ese tal Hombre Frío. Me miraron un rato y me dejaron tranquilo.

El del kiosco de revistas puteaba porque para variar, el cabrón de Sánchez le había llevado la Pronto y no le había pagado. En eso me llama con una seña y yo pienso, si este pelotudo pretende que la revista la pague yo está completamente equivocado. Cuando me acerco al kiosco se agacha y saca de un costado una revista de tapa roja y me la da con cara de misterioso. La miro y veo que era una de Súper Héroes. Lo quedé mirando, o me estaba delirando o era de verdad un imbécil, y el tipo me mira fijo y me dice -Fijate si encontrás algún Súper Héroe que te llame la atención y venite a verme mañana. Yo sé cómo hacer que este pelotudo del frío te pague a vos la web y a mí la revista- Me quedé callado unos segundos, reaccioné y decidí darle las gracias y decirle que mañana pasaba a ver qué onda. No quise preguntar mucho porque mi no me gusta andar preguntando lo que la gente no me dice de motus propio y en eso soy muy distinto a mi mujer que se pregunta todo.

Me fui caminando despacito hasta mi casa, pensando en lo raro que se estaba poniendo el otoño y también en que no les contaría nada a los chicos del trabajo porque iba a ser para que me tomen el pelo una semana seguida y también que seguramente cuando le dijera la parte del kiosquero a Gisela me iba a decir que de ninguna forma volvía yo a ese kiosco que seguro me empernaban con algún laburo y que yo era medio lenteja para entender las malas intenciones y que siempre me tomaban por buenudo y la verdad es que tiene razón y aunque fuera cierto que el kiosquero tiene alguna onda para convertirme en Súper Héroe la pregunta es si yo realmente quiero ser un Súper Héroe y la verdad que lo yo quiero es cocinar cosas ricas y leer buenos libros y hacer radio, que me gusta mucho también, y tomar mate con Gisela y ver películas también con ella y juntarme con amigos y regar el pasto y caminar y ver el canal Gourmet y el Discovery y algunas series también y para todo esto no hace falta ser Súper Héroe y la verdad es que entonces no tiene sentido complicarse la vida así que decidí que al otro día mejor cambiaba el recorrido y así no tenía que pasar por la vereda del kiosco y hablar con el kiosquero porque la verdad es que tampoco tenía ganas de andar dándole explicaciones a nadie y en eso llegué a casa y Gisela ya tenía los mates listos y nos sentamos en la cocina y le conté lo del Hombre Frío y nos reímos mucho y me comí cuatro tostadas.



4 COMENTARIO/S


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