El vendedor de islas
Se repite entre caracteres disímiles pero hedónicos. Se hace mella y pupa contra la baranda de la abstinencia onírica y dice falta envido sin convicción y con pereza. Se mete los platos en el culo y camina lento con ruido a cerámica saltada. Y que me importa si tu abuela es turca o musulmana yo lo único que se es que a mi los domingos me das pastas y si son rellenas mejor o me das asado y si es con molleja mejor o me das la bienvenida y me sacás el perro de ahí arriba que con los pelos las revistas los galpones con arañas y las manifestaciones se me ponen a destiempo las caricias y los semáforos. Y que te pensás guachita que yo vendo relojes de fantasía. Islas vendo yo, calandria. Las vendo con tierra recién removida para que los milicos no encuentren tan fácil las mentiras y los olvidos inducidos. Me querés enseñar que la elegancia se lleva hasta el baño pero vos usás bombacha y nunca un cruzadito de piernas y un tostado por encargo. Siempre así, tan bonachona, tan de perfil que la sombra no levanta sospechas. Vení, sentate, haceme el pasaporte que ya estoy listo para irme, se llama buena suerte y no tiene nada que ver con vos. Mala racha hija de puta.

Febrero 9th, 2009 at 11:19
tambien sabe pasearse por mis lugares ,lo bueno es que solo se queda un poco, no mas.